REAL CAPILLA DEL CALVARIO

La Real Capilla del Calvario se encuentra situada en un alto a las afueras del antiguo arrabal de Santiago, junto al camino del Calvario o del embarcadero (este segundo se debía a que la Ciudad contaba con un embarcadero en el Guadalquivir, al que se accedía por dicho camino). Este alto era conocido como el Calvario, pues existir en aquel lugar un pequeño humilladero, construido en 1420, junto al que los mercedarios realizaban el Descendimiento de Cristo y en el cual la imagen del Santo Entierro era depositada durante el año. Además, allí se celebraban las ultimas estaciones del Vía-Crucis que comenzaba en el convento de Santo Domingo. Al parecer, hubo una segunda capilla, que a finales del XVI se encontraba en ruinas.

A comienzos del siglo XVII, la Hermandad de la Piedad comienza la recogida de fondos para la construcción de una nueva capilla, cuyas obras ya se habían comenzado en 1629. En 1679 se dan por concluidas las obras ante la falta de presupuesto, aunque seguramente sin poder culminar el proyecto original. En 1711 se restauraron las estaciones del Vía-Crucis por el cantero Antonio Marino, y que en 1840 fueron reubicados en el jardín frontal de la Capilla, tras derribados por el Ayuntamiento.

Tras ir perdiendo durante décadas parcelas del recinto del Monte Calvario, la Hermandad llegó en 1968 a un acuerdo con el Arzobispado de Sevilla para la construcción de un centro de espiritualidad en el lugar que ocupaban los edificios anexos de la capilla y parte del jardín. Más tarde fue reconvertido en seminario, y en el siglo XXI en e residencia sacerdotal. La llegada del centro de espiritualidad y el Concilio Vaticano II, propició que se realizaran cambios ornamentales en la capilla, perdiendo parte de su patrimonio, como la reja o el recubrimiento de madera de la capilla del Sagrario. Además, la Gruta de Lourdes que se había levantado en 1919, se trasladó a su ubicación actual en la pared lateral de la Capilla. En ese mismo año comenzó a levantarse el monumento al Sagrado Corazón de Jesús, fabricado por la empresa madrileña Casal y Peña.

Mirando de frente a la Capilla, a la derecha se encuentra la puerta actual de salida de los pasos, en una nave edificada en 1923 según proyecto de Francisco Hernández-Rubio, para permitir la salida de los nuevos pasos de estilo y dimensiones sevillanas. El edificio lo describe el doctor en historia del arte, Manuel Romero Bejarano en su libro “Iglesias y Conventos de Jerez” (2018), del siguiente modo:

“En cuanto a la portada principal, fechada por una inscripción en 1675, se resuelve como un gran arco de triunfo conformado por un arco de medio punto abierto entre dos pares de columnas toscanas que a su vez se encuentran rematado en las esquinas por dos pilastras toscanas almohadilladas. El acceso se realiza por un vano adintelado coronado por un frontón triangular”. Posiblemente, a la fachada le faltaría un segundo cuerpo que no llegó a concluirse, y actualmente está rematada por una campana de 1699 con la inscripción “soy del Cristo del Calvario”.

El interior lo describe el doctor Romero Bejarano del siguiente modo:

“El interior presenta una nave de planta rectangular cubierta por una bóveda de cañón decorada con motivos geométricos, mientras que en la capilla mayor se cubre por una cúpula esférica rebajada. En el lado de la epístola se abre una segunda nave de época contemporánea que funciona como sagrario. Lo primero que encontramos al entrar al templo, justo en el muro de la epístola, es una pila de agua bendita realizada con mármoles polícromos en el siglo XVIII. Un acceso a nuestra derecha nos lleva al sagrario, presidido por una imagen del Corazón de Jesús de época contemporánea. En este espacio todavía se conserva parte del recubrimiento de maderas oscuras y doradas con que se decoró toda la capilla a comienzos del XX y fue retirado en su mayor parte en la década de los 60 de la misma centuria, cuando el templo se transformó en centro de espiritualidad. Pese a la riqueza de los materiales, esta ornamentación había de dar al interior del edificio un aspecto pesado, incluso agobiante, sustituido hoy por la sencillez de los muros encalados. La capilla mayor concentra lo mejor del templo, tanto por la calidad como por la cantidad de obras de arte. El retablo mayor, contratado por el entallador Rodrigo de Alba en 1783, presenta en la embocadura del arco una serie de medallones con escenas de la Pasión de Cristo y tiene como complemento a los lados dos repisas decoradas con rocalla en las que se ubican las imágenes de San Pedro y San Pablo”.

Estas imágenes de San Pedro y San Pablo, proceden de un antiguo retablo que se encargó en 1705. Por aquella época, el Cristo del Calvario (hoy Santo Entierro) ocupaba el altar mayor, mientras que la Virgen y el Duelo se encontraban en el lado de la epístola, mientras que el Cristo de la Cruz (actual Cristo del Calvario) se encontraba en el del evangelio, la misma posición que ocupa hoy en día. Así describe Romero Bejarano el camarín y las Imágenes:

“En el camarín, decorado con pinturas del siglo XIX, se encuentra el conjunto del duelo, formado por la Virgen de la Piedad, las Tres Marías y San Juan, talladas en 1718 y atribuidas al artífice portuense Ignacio López. Si en el retablo maravilla a quien lo ve, cuando está sobre el paso de palio el grupo roza lo sublime. También aquí está la imagen del Cristo yacente del Santo Entierro, esculpida en la primera mitad del XVI y relacionable con el círculo del escultor sevillano Francisco de Ortega, quien realizó por aquellos años varios trabajos para Jerez. La urna, una de las mejores obras de platería de la ciudad, fue donada por la familia Ponce de León y labrada por el orfebre Juan Laureano de Pina entre 1669 y 1694, si bien en el XIX se le añadieron los ángeles tenantes con los que sale en el paso cada Viernes Santo.

También en la capilla mayor podemos ver un relieve rococó con la escena del Descendimiento de Cristo, de la mano de Rodrigo de Alba de finales del XVIII; el Cristo del Calvario, imagen articulada con la que en otro tiempo se hacía la escenificación del descendimiento, y a sus pies una escultura del XVIII que representa a la muerte… Además, resultan de especial interés tanto la mesa que hace las veces de mesa de altar en el retablo mayor, como las lámparas que penden del techo, todas de finales del XVIII y que son de las pocas piezas de mobiliario no hecho ex profeso con un fin litúrgico que se conservan en Jerez de esa época”.

 

Bibliografía:

Bellido Castellano, V.M. (2009). Historia d la Hermandad de Nuestra Señora de la Piedad y Santo Entierro de Jerez. Hermandad de la Piedad y Santo Entierro de Jerez de la Frontera.

Romero Bejarano, M. (2018). Iglesias y conventos de Jerez. Editorial Almuzara S.L.